Dificultades fonético-fonológicas. Terapia fonético-fonológica

Una dificultad que solemos encontrarnos en el ámbito infantil son las dislalias. Debemos diferenciar dos tipos, dislalias fonéticas y dislalias fonológicas, ya que las dificultades son distintas y por tanto, el tratamiento será diferente.

Si se trata de una dificultad a nivel fonético, el tratamiento puede ir enfocado a alcanzar todo el repertorio fonético, utilizando por ejemplo la técnica de derivación fonética, que consiste en alcanzar la articulación del fonema en cuestión, a partir de:

  • Sonidos no verbales u onomatopeyas (sonido de la vaca, de la ambulancia, del viento) para lo que podemos utilizar diferentes juguetes o instrumentos atractivos para el niño.
  • Posturas bucofaciales, que faciliten el posicionamiento articulatorio necesario para producir el fonema (sonreír, dar un beso, expresar dolor, morderse la lengua, etc).
  • Posturas combinadas con acciones verbales, a través de la repetición de palabras que contengan determinado fonema en distintas posiciones. Podemos recurrir a juegos como la oca, bingo, memory o cualquier otro, reforzando la idea de que en niños será muy útil para la intervención, apoyarnos en materiales lúdicos o atractivos para este.

Otra posible técnica es el posicionamiento fonético, que consiste en emplear imágenes, modelos, manipulación física y/o onomatopeyas para enseñar al niño a realizar un sonido o una sílaba que se desea trabajar. En muchas ocasiones utilizamos cuentos o canciones. Debemos tener en cuenta también la ayuda de técnicas instrumentales como guiadores o depresores linguales, gomas o vibradores con el fin de controlar la posición o facilitar la propiocepción necesaria para conseguir la emisión del fonema en cuestión.

Además, es importante que mencionemos la técnica de estimulación integral, que emplea modelado-repetición. Para esta técnica podemos utilizar cuentos que incluyan imágenes donde se busque ofrecer modelos adecuados, tanto de forma auditiva como visual, con el fin de que los repita.

Por otro lado, cuando las alteraciones se asocian a una dificultad fonológica, además de las técnicas anteriormente mencionadas, debemos utilizar otras que busquen desarrollar o reforzar la capacidad del niño en recibir un sonido y darle una interpretación correcta, asociada a un objeto o a un significado en concreto, al refuerzo o establecimiento de la asociación sonido-grafema o la discriminación auditiva entre ambos sonidos o fonemas.

La principal causa de este tipo de dislalia viene determinada por una falta de percepción o discriminación auditiva, es decir, él conoce ambos fonemas pero pronuncia sólo uno porque le suenan igual ambos. Otras veces se debe a la  presencia de procesos fonológicos inapropiados para su edad, debido a un lenguaje “inmaduro”, como sustituciones, asimilaciones o cambios de estructura silábica (omisiones, adiciones, etc). Muchos de estos problemas traen consigo dificultades en la conciencia metafonológica, conciencia de que el lenguaje tiene partes que se pueden separar, quitar o poner, ser iguales en dos palabras, etc. Esta conciencia posibilita un conocimiento real del lenguaje y es una de las condiciones de acceso a la adquisición de la lectoescritura, así como un requisito de la construcción de un sistema fonológico sólido, en el cuál todos los fonemas (partes del lenguaje) son elementos diferenciables unos de los otros.

Para ello, se utiliza la técnica de contrastes mínimos, tanto a nivel de expresión como de producción. Así, trabajaremos la discriminación auditiva de pares de sonidos (fonemas) que se contrasten fácilmente en punto y modo de articulación, con el fin de aportar información también a nivel visual. En muchos de estos casos utilizamos visualizadores fonéticos o gestos asociados a cada fonema, que pudieran ayudar a integrar la información. También podemos trabajar este aspecto a nivel de palabras, inicialmente monosilábicas y más tarde introducir bisilábicas o trisilábicas. A nivel de expresión, consiste en producir pares fonemas o de palabras monosilábicas, bisilábicas o trisilábicas, que únicamente se difieran en un sonido contrastivo. Esta diferencia se transforma en un cambio del significado asociado a cada palabra. Ayuda a trabajar la precisión en la realización de los sonidos, puesto que pequeñas alteraciones sonoras dan lugar a confusiones semánticas. La selección de los contrastes fonéticos que se van a trabajar depende de los errores articulatorios cometidos durante la evaluación y de los que no ha adquirido aún. Se comienza con un sonido incrustado en palabras monosilábicas, y, una vez estable, se presentan pares mínimos de palabras que trabajan los contrastes fonéticos deseados.