Síndrome de dolor regional complejo

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Síndrome de dolor regional complejo

El síndrome de dolor regional complejo (SDRC) se define como un trastorno neuromusculoesquelético con características de dolor neuropático, además de otros signos como alodinia, hiperalgesia, o alteraciones vasomotoras y sudomotoras. Se trata de una patología que cursa con una experiencia dolorosa desproporcionada respecto al tamaño o gravedad de la lesión. Normalmente, la experiencia dolorosa persiste más allá de los tiempos habituales de recuperación y curación del tejido (entre 3 y 6 meses). El SDRC se caracteriza por una alteración o desregulación en el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso central. Además, pueden coexistir factores genéticos, de tipo inflamatorio y de carácter psicológico.

El SDRC puede subdividirse en tipo 2 y tipo 1, dependiendo de si existe o no una lesión en el tejido neural del sistema nervioso periférico (dolor neuropático). Ambos tipos de SDRC son indiferenciables clínicamente y, de forma general, los síntomas tienden a presentarse de forma regional, y no seguir los dermatomas (territorios de la piel inervados por un mismo nervio o grupo de nervios) o recorridos de los nervios periféricos. Además, la expansión de los síntomas suele progresar en sentido proximal (hacia el centro del cuerpo) y/o bilateral respecto al foco de la lesión (al lado contrario donde tuvo lugar la lesión). Otras formas de agrupar las distintas presentaciones de este síndrome son por el tipo de sensación térmica percibida (frío o calor) o en función de si los síntomas del sistema nervioso simpático son independientes o no del dolor asociado al SDRC.

Entre las posibles causas comunes de esta patología se encuentran, con mayor prevalencia, las fracturas óseas (40% de los casos), esguinces, contusiones, accidentes de tráfico, secundarias a un proceso quirúrgico, o después de períodos de inmovilización prolongados. El distrés psicológico experiencial durante el propio proceso de la lesión física también puede influir sobre la severidad y pronóstico en este síndrome.

Los mecanismos patofisiológicos que ocurren en el SDRC son múltiples e incluyen una transmisión anómala de los impulsos eléctricos en el tejido neural, una desregulación autonómica y cambios neuroplásticos en el sistema nervioso central en distinto grado según cada paciente. A nivel local (en el lugar de la lesión del tejido) existe una actividad proinflamatoria e inmunológica mediada por activación de células tipo-B y un aumento de interleuquinas, bradiquinina, sustancia P y osteoprogesterina (inhibe la osteoclastogénesis o resorción ósea). La presencia en el tejido de todas estas sustancias termina produciendo una sensibilización periférica frente al estímulo nocivo local que puede terminar produciendo una sensibilización en médula (sensibilización central, por ejemplo, por el fenómeno del wind-up). Además, puede ocurrir un emparejamiento simpático-aferente y un aumento de la expresión de receptores adrenérgicos en las fibras nociceptivas que pueden explicar la presencia de síntomas simpáticos en el SDRC.

simismo, existe la posibilidad de que factores inmunes y génicos medien en todo el proceso, no obstante, sigue siendo necesaria más investigación al respecto.

Con una sensibilidad y especificidad del 0.85 y 0.7 respectivamente, se proponen como criterios diagnósticos los siguientes: presencia de hiperalgesia y/o alodinia, asimetrías térmicas y/o de coloración en la piel, edema o cambios de sudoración, y reducción de la movilidad y/o cambios motóricos (debilidad, tremulaciones o distonía) y/o cambios tróficos (de pelo, en piel o uñas).

Desde un punto de vista epidemiológico, la investigación científica ha observado una mayor prevalencia de este síndrome en las extremidades superiores en pacientes adultos frente a un predominio en las extremidades inferiores en el caso de niños y niñas para los que la edad media suele estar en torno a los 12 años. Además, se ha observado que en más del 50% de los casos, el SDRC en niños y niñas se corresponde con el tipo 1 (no neuropático).

La fisioterapia, como disciplina sanitaria enfocada al diagnóstico funcional y la rehabilitación del paciente, ofrece abordajes terapéuticos que pueden ser clínicamente beneficiosos para personas que cursen con SDRC. Estas terapias son fundamentalmente la imaginería motora graduada (IMG) y la terapia con espejo (TE), sobre todo en aquellos casos que cursan sin lesión neural periférica (tipo 1). Estas terapias pueden mejorar el dolor y la funcionalidad en pacientes con SDRC, dentro de un marco de rehabilitación multidisciplinar que también contempla el tratamiento con fármacos y el abordaje desde la psicología.

Se trata de un cuadro clínico que cursa con dolor prolongado en el tiempo que termina implicando a múltiples áreas de nuestro sistema nervioso central y que, por tanto, requiere de un abordaje multidimensional. Se cree que tanto la IMG como la TE son formas de “entrenar el cerebro” donde, según se sigue planteando en la actualidad, radica un factor importante de la perpetuación del dolor en estos pacientes. Mediante este tipo de técnicas, la persona entrena la reorganización cortical (neuroplasticidad adaptativa) de áreas del sistema nervioso relacionadas con la percepción del dolor y el movimiento. Los cambios clínicos producidos de esta forma influyen además sobre otras áreas corticales relacionadas con aspectos psicosociales como pueden ser el miedo al movimiento, el catastrofismo o el estado de ánimo del paciente.

Eduardo Gamboa Rodríguez

Fisioterapeuta

Referencias

  • Kevin B. Guthmiller; Matthew Varacallo. Complex Regional Pain Syndrome (CRPS), Reflex Sympathetic Dystrophy (RSD). 2019
  • Méndez-Rebolledo G, Gatica-Rojas V, Torres-Cueco R, Albornoz-Verdugo M, Guzmán-Muñoz E. Update on the effects of graded motor imagery and mirror therapy on complex regional pain syndrome type 1: A systematic review. J Back Musculoskelet Rehabil. 2017;30(3):441-449
  • Abu-Arafeh H, Abu-Arafeh I. Complex regional pain syndrome in children: a systematic review of clinical features and movement disorders. Pain Manag. 2017 Mar;7(2):133-140
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