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La Fatiga en la Esclerosis Múltiple y cómo abordarla

La Fatiga en la Esclerosis Múltiple y cómo abordarla

La Fatiga en la Esclerosis Múltiple y cómo abordarla

Introducción

En este post nos gustaría hablar de la fatiga en la Esclerosis Múltiple y el ejercicio terapéutico como abordaje.

¿Qué es la esclerosis múltiple?

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad autoinmune neurodegenerativa crónica no contagiosa de origen desconocido, predominante en adultos jóvenes con aparición entre los 29 y los 33 años de edad. En cuanto a su prevalencia, la organización mundial de la salud (OMS) calcula una media de 35 casos por cada 100.000 habitantes a nivel mundial, es decir, aproximadamente 2,3 millones de enfermos en el mundo.
En España, los datos varían entre 40-50 casos cada 100.000 habitantes. La EM se caracteriza por la desmielinización del sistema nervioso central, lo que produce la aparición de placas escleróticas (zonas amielínicas de tejido cicatricial). Estas placas son generadas por las propias células inmunitarias: Los linfocitos T reconocen las células sanas como nocivas para el organismo, por lo que producen un daño en la capa mielítica y en las células que la regenera, produciendo alteraciones en cuando a la velocidad de conducción del impulso nervioso.

Existen varias formas de evolución:

  • Recurrente-remitente: Es la forma más frecuente (80%). Se caracteriza por la presencia de brotes sintomáticos imprevisibles de duración variable.
  • Secundaria-progresiva: Es la forma más común de evolución de la EM recurrente-remitente (el 30-50% de los pacientes evolucionan hacia este tipo). Se caracteriza por una progresión continuada acompañada de remisiones poco importantes y fases estables.
  • Primaria-progresiva: Afecta al 10% de los pacientes con EM. No presenta brotes definidos, pero sí se caracteriza por un comienzo lento y un empeoramiento constante, gradual y sin remisión.
  • Recidivante-progresiva: Es una forma atípica que comparte características con la EM primaria-progresiva. Sin embargo, la diferencia principal es que ésta presenta brotes agudos que pueden venir acompañados por una posterior recuperación completa.

¿Cuál es la Sintomatología?

Los síntomas y signos de la EM son muy variados. Principalmente, se pueden producir:

  • Trastornos musculares: los más comunes son la espasticidad, la debilidad muscular y los espasmos. Consecuente a esto, existen alteraciones en el rango y calidad de movimiento.
  • Problemas de equilibrio y coordinación que pueden cursas con vértigos y mareos. En las alteraciones de la coordinación puede darse ataxia.
  • Alteraciones sensitivas: Predominan las parestesias, el dolor y las alteraciones de la sensibilidad térmica.
  • Fatiga: Es el síntoma más común y uno de los más característicos de la EM. La fatiga puede ser heterogénea, fluctuante e independiente de cada paciente, pudiendo llegar a variar a lo largo del día. Un 20% de los pacientes la considera limitante, ya que interfiere tanto en aspectos físicos como mentales. Además, puede llegar a cronificarse.

Las causas de la fatiga siguen siendo desconocidas, sin embargo, las más probables son las siguientes:

  • Por una anormalidad estructural que se produce en el cerebro debido a la desmielinización y pérdida axonal.
    • Las dificultades de la glándula pituitaria para producir hormonas
    • Problemas en el control del corazón o cambios químicos en los músculos
  • Otros síntomas son: trastornos visuales, problemas de la vejiga e intestinales, problemas de sexualidad e intimidad, trastorno del habla y en la deglución.

En la actualidad se distinguen diferentes tipos de fatiga, estos pueden coexistir entre ellos:

  1. Fatiga debida a infecciones o síntomas.
  2. Fatiga causada por la farmacoterapia propia de la enfermedad.
  3. Fatiga relacionada con trastornos del sueño.
  4. Fatiga provocada por la debilidad de ciertos grupos musculares, que obligan a la persona a sobrecargar de trabajo a otros músculos y presentar un mayor gasto energético.
  5. Fatiga derivada del estado depresivo del enfermo, que le provoca alteraciones del sueño, desgana, desinterés y falta de motivación para afrontar las tareas diarias.
  6. Fatiga propia de la EM, causada por la liberación de citocinas durante la respuesta inmune ante el proceso inflamatorio. Esto explica la supresión del estado de fatiga cuando al enfermo se le administran fármacos inmunomoduladoras como los interferones.
  7. Fatiga debida a la desmielinización de la fibra nerviosa, que produce problemas en la despolarización de la membrana y daños en los canales de sodio. Esto se traduce en bloqueos de la conducción nerviosa y en una disminución de la rapidez de la misma.

Es importante identificar factores que puedan producirla o empeorarla.

La fatiga en la EM puede ser dividida en fatiga primaria y secundaria. La fatiga primaria se refiere a esa fatiga que aparece sin una causa aparente y es específica de la EM. Mientras que la fatiga secundaria aparece como consecuencia de otra condición ya que existen disparadores o factores exacerbantes como las tareas físicas y mentales, condiciones húmedas y cálidas, ingerir comida pesada, infecciones, sueño nocturno interrumpido o poco reparador, dolor, largos períodos de inactividad, estrés o ansiedad. La Federación Internacional de EM ha reconocido dos tipos de fatiga:

  1. La fatiga física o motora que supone debilidad muscular, dificultad para hablar, incapacidad para realizar tareas diarias, etc.
  2. La fatiga cognitiva, la cual engloba el deterioro de la función cognitiva, dificultad para pensar, concentrarse, etc.

Ejercicio Terapéutico para abordar la fatiga

El abordaje terapéutico es multidisciplinar (médico, farmacológico, psicológico, fisioterápico) y va encaminado a disminuir sintomatología y mejorar capacidad funcional del sujeto con la consiguiente mejoría en su calidad de vida.

Para valorar el impacto de la fatiga en el desempeño de las actividades de la vida diaria del sujeto se emplean diversas escalas como la MFIS.

Aunque la actividad excesiva puede empeorar la sensación de fatiga y el dolor, la falta prolongada de ejercicio lo hace en mayor medida, haciendo que aumente toda la sintomatología de la fatiga. Por esta razón, el ejercicio terapéutico es un pilar fundamental en el tratamiento fisioterapéutico.

Los principios generales del tratamiento son:

  • Comenzar con ejercicios de baja intensidad y reducir al máximo los ejercicios que producen contracciones musculares exageradas, como los ejercicios de los miembros por encima de la cabeza.
  • Ayudar al paciente a encontrar la intensidad de ejercicio adecuada, que lo mantenga activo sin empeorar los síntomas. Es importante que la intensidad se establezca un día en que el paciente no esté mejor ni peor que lo habitual.
  • Estimular el sentimiento de autonomía
  •  Indicar ejercicios que no causen dolor
  • Incrementar gradualmente la frecuencia y la duración de los ejercicios tolerados del programa, pero siempre con baja intensidad para no crear agotamiento.

Anjana Alles González

Fisioterapeuta Unidad de Rehabilitación Neurológica

Bibliografía

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