​Las necesidades específicas del paciente mayor hacen necesario la creación de unidades específicas que sean sensibles a las mismas. El ejercicio físico controlado, la adaptación del entorno han demostrado mejorar la calidad de vida del paciente mayor en algunos ensayos clínicos. Nuestra propuesta consiste en hacer programas a medida basados en las demandas de mayor incidencia como son la prevención de caídas, el deterioro cognitivo, el acondicionamiento físico general, la adaptación a un nuevo ciclo vital.

  • Fisioterapeutas.
  • Terapeutas ocupacionales.
  • Psicólogos clínicos.
  • Logopedas.

Intervención basada en la evidencia.

Posiblemente sea una de las medidas de protección más eficaces en esta etapa de la vida, así como la participación en actividades que permitan un envejecimiento activo.

La combinación de la terapia en el IRF junto con la intervención domiciliaria garantiza que los sujetos mantengan la máxima funcionalidad en este periodo de la vida.